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Médicos, psicólogos, abogados, fontaneros, panaderos… Existen un montón de trabajos en los que consideramos “profesionales” a aquellas personas que los desempeñan, y por tanto no se nos ocurre desempeñar su función y ponernos a hacer recetas médicas o defensas legales en juicios, por ejemplo. En cambio, si hablamos de adiestramiento canino (en su concepción más general) sí que se presenta este problema. Es común que la figura del adiestrador o educador canino no sea percibida como un auténtico profesional (como los antes mencionados) y por ello es frecuente que alguien que haga un curso (o vea ciertos capítulos televisivos) ya se llame “profesional” y ofrezca sus servicios. Esta problemática está muy asentada en el sector, más en estos tiempos que corren, siendo un lastre con difícil solución.adiestrador

Es evidente que, como para todo trabajo, es necesaria una formación teorico-práctica de calidad, que se adquiere mediante la formación en centros de referencia y un trabajo práctico asesorado por profesores cualificados. Pero otra cosa muy diferente es que a toda persona que termina un curso formativo se le pueda llamar “profesional”, aunque así lo ponga en un precioso diploma. Es decir: formación sí, pero cuidado con la “titulitis”.

El sector del adiestramiento canino no está legalmente regulado. Es decir, la profesión de Adiestrador Profesional no está legalmente reconocida como tal (lo que no implica que sea ilegal su realización, simplemente que no está regulada, como ocurre con muchos otros trabajos), situación que facilita que cualquiera pueda decir que es un Adiestrador Profesional sin tener que aportar muchas pruebas para ello. A día de hoy existen multitud de cursos que dicen acreditar como “Adiestrador Profesional”, y lo cierto es que no existen homologaciones ni certificaciones oficiales que realmente acrediten eso. Estamos viviendo una burbuja en cuanto a formación en la que cualquiera puede ofrecer cursos y títulos de todo tipo, normalmente a precios bastante altos y hay que tener cuidado con eso, ya que como en botica, hay de todo.

Con lo anterior no quiero decir que no se deban realizar estos cursos (como ya he comentado, la formación es muy necesaria), lo que hay que tener claro que por mucho que quieran venderlo así, no se sale de estos cursos siendo un “profesional”. Debemos preguntarnos qué implica ser un profesional para responder a esa pregunta. Dicho de forma rápida: profesional es aquel que vive de ello. Es decir, alguien que está legalmente constituido, con su seguridad social y sus impuestos, posiblemente su local o espacio físico (aunque esto no es esencial) y con su dedicación plena a esta labor. Dicho de otra forma, alguien que trabaja con perros en sus ratos libres o los fines de semana porque el resto de tiempo atiende su “verdadero trabajo”, no puede llamarse adiestrador profesional. ¿O es que acaso nos parecería normal un médico que solo nos atendiese a partir de cierta hora de la tarde porque antes está ejerciendo otra profesión?

¿Confiaríamos igual en un abogado que solo trabaja los fines de semana porque entre semana se dedica a vender coches? Parece claro que no.

Como decía antes, esta situación también se facilita porque los adiestradores o educadores puede que no seamos percibidos como auténticos profesionales, esto puede que en una época pasada estuviera más justificado pero hoy en día hay gente muy preparada u ofreciendo servicios de calidad que tienen que luchar contra este panorama que tenemos en el sector. El adiestrador o educador es un profesional como otro cualquiera, ya sea empresario, autónomo o trabajador, y no considerar esto como cliente tiene implicaciones que veremos a continuación.

Trabajar con un “no-profesional” expone al cliente a que el trabajo con su perro dependa de otros trabajos u horarios, lo que normalmente favorecerá cancelaciones de citas, limitaciones de disponibilidad, etc. Además, siempre existe el riesgo de dejar un trabajo sin terminar debido a esta razón, lo que no es nada bueno para los perros. Además, si esta persona no está legalmente constituida no podrá ofrecer contratos ni facturas, lo que deja totalmente desprotegido al cliente ante problemas o situaciones que deba reclamar. No sería el primer caso conocido en el que, si el perro no avanza según lo esperado, el adiestrador “desaparece”. Posiblemente la actividad tampoco esté cubierta con los seguros necesarios y todo sea “bajo manga”, lo que permite trabajar a precios desleales para aquellos que están en regla y legalmente constituidos.

Por lo tanto, en este sentido la recomendación es clara. Si necesitáis los servicios de un educador canino profesional, aseguraros de que lo es: solicitar contratos, facturas de los cobros, etc. Las ventajas de contar con un profesional real son numerosas:

  • Están de forma legal, lo que evitará todo tipo de problemas legales y cuentan con seguros de responsabilidad civil necesarios para el trabajo, algo muy importante ante cualquier problema que pueda aparecer.
  • Pueden ofrecer contratos, facturas y todo tipo de justificantes, lo que permite demostrar a los clientes la realización del trabajo de cara a posibles reclamaciones ante incumplimientos o trabajos mal ejecutados.
  • Aunque no es necesario, los profesionales normalmente cuentan con un lugar físico (tienda o centro canino), lo que aporta seguridad ya que siempre sabes dónde encontrarlos (es decir, que ante un problema no va a desaparecer).
  • En muchos casos ofrecen facilidades como el pago domiciliado a plazos, con tarjeta de crédito, etc., lo que facilita el acceso a servicios de calidad.

Recuerda que lo que está en juego es la salud y bienestar de tu perro. En nuestro entorno existe una gran oferta de adiestradores, recuerda valorar todos estos aspectos antes de que aparezcan problemas y sea demasiado tarde.

Ante todo: infórmate sobre métodos de trabajo, pregunta y compara antes de tomar una decisión.

Jose Luis Vázquez, educador canino de Anubis y Bastet

El adiestrador profesional
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